La Chanfainita de la Tía Ceci continúa el legado de doña Cecilia Huamaní. El histórico huarique limeño ha trascendido generaciones dedicado a preparar el tradicional guiso de bofe de res, con la misma receta de hace 50 años.
Luis Arnaldo Pulido Huamaní hablaba mucho del futuro. Y cuando lo hacía, su madre, doña Cecilia Huamaní Mansilla, la Reina de la Chanfainita, ya había dejado el negocio debido a una enfermedad. Él imaginaba que la siguiente heredera sería su hija Daniela Pulido. Pero por esas vueltas de la vida, quien quedó a cargo fue su abuela materna, Nelly Arévalo, quien ayuda a preservar este importante legado familiar.
Historias de vida y sabor. Al entrar al huarique nos recibe el altar de su fundadora, doña Cecilia Huamaní.
Todo empezó en un mercadito de Lince. Cecilia Huamaní Mansilla, arequipeña, llegó a Lima en 1965. Trabajó cuidando niños en Miraflores y cuando se casó con Arnaldo Pulido Rubín fueron a vivir a Lince, a la misma Av. Canevaro. Él era huanuqueño y trabajaba en una planta de embutidos. Ella cocinaba rico, y como era muy trabajadora se lanzó como ambulante en un mercadito que había a pocos metros de su casa: ají de gallina, cau cau, hasta que un día decidió cambiar e hizo chanfainita. Todo se le acabó.
Mucha gente le empezó a comprar a la tía Ceci en el mercado. Por eso, en 1979, trasladó su puesto a la puerta de su casa ubicada en un callejón de Canevaro. En la década de lo 1980 sacaron a los ambulantes de las calles y por eso la tía Ceci tuvo que trasladar el negocio al interior. Taxistas y periodistas solían hacer su parada matutina para comer esa chanfainita sabrosa, y fue así como el boca a boca la hizo conocida.
LUIS PULIDO, SEGUNDA GENERACIÓN
“Me imagino que mi hija verá el negocio. Hay que tener tino para ver quién lo maneja. Le estoy enseñando a hacer el aderezo”, solía decir el único hijo de la tía Ceci, Luis Pulido, al referirse a su hija Daniela, tercera generación de esa familia que hizo de la chanfainita su motor de vida. Por ello, Luis le transmitía lo mismo que heredó de su madre. “Mi mamá me enseñó a ser cuidadoso con las cosas. Ella no tenía estudios, pero sabía. Se preocupaba por la calidad. Y a veces fiaba, regalaba, porque sabía que los clientes iban a volver. Más que como clientes los trataba como familiares”.
Cuando mencionaba estas palabras doña Cecilia Huamaní ya había fallecido y él sacaba adelante el negocio. Su fe nunca se rompió. “Le pedí al Señor Cautivo de Ayabaca que cuide a mi mamá y así fue. Mi mamá se fue tranquila”. La fundadora de la chanfainita más icónica de Lince murió en 2014.
Luis Arnaldo Pulido Huamaní le dio estas declaraciones a El Trinche en 2019.
Entre 2020 y 2021 la pandemia se llevó su vida.
LOS QUE SE QUEDARON
Historias de vida y sabor. La histórica entrada de color azul es la ruta para entrar y probar los combos de la Tía Ceci.
Año 2026. La pared azul de la cuadra 3 de la avenida Canevaro muestra algunas grietas. Un letrero descansa apoyado a un costado de la puerta. Afuera, un hombre vigila el ingreso mientras las camionetas se detienen apenas unos segundos para recoger pedidos de la que muchos consideran la mejor chanfainita de Lima. Atrás quedaron los años en los que la Reina de la Chanfainita en Lince cocinaba en la calle. Ahora, luego de entrar y cruzar un pequeño callejón, se ingresa a una renovada cocina con una barra y, si uno se anima, a otro espacio con sillas y mesas. Daniela, hija de Luis, nieta de doña Cecilia, ahora es abogada. Eso sí, siempre está pendiente de cómo va el histórico huarique. Su abuela materna, Nelly Arévalo, está a cargo.
Al entrar, el lugar parece un santuario. A la izquierda, casi llegando al techo, nos recibe un retrato de la Tía Ceci. No, no es un retrato, es un altar con su foto sonriente, rodeada de flores y un par de imágenes en las que aparecen los padres de Daniela, Luis y su esposa Raquel, quien también falleció antes de tiempo y a la que la Reina de la Chanfainita siempre quiso y dejó como compañera para continuar la tradición que ella empezó. El árbol genealógico de La Chanfainita de la Tía Ceci desafía a Cien años de soledad, y como Aureliano Buendía, es omnipresente.
Historias de vida y sabor. Tres generaciones observan el comedor. Daniela, doña Ceci y Luis acompañado por Gastón Acurio en la imagen.
Entramos a otro ambiente, recientemente renovado. Una pared con tres fotos: Daniela, hija de Luis, la Tía Ceci. A la mesa llega una chanfainta clásica: guiso de bofe con papa picada en cuadraditos, acompañada de mote sancochado. La carta muestra otras apetitosas combinaciones: La Combinada (con tallarines rojos y huancaína), El Playero (con todo lo anterior y, además, cebiche), y el más contundente, llamado El Carretillero (al que agregan cau cau). Y si de almuerzos y acompañamientos se trata, no falta la patita, el cau cau solo y porciones de arroz blanco y verde. Un festín visual y gastronómico de colores y sabores que además de saciar, cumple con todo lo que implica una buena alimentación.
La mujer que me recibe es Nelly Arévalo, la mamá de Raquel, exesposa de Luis. Ha visto morir a casi todos los que alguna vez estuvieron en este negocio. Ella llegó para ayudar a su hija, pero nunca imaginó que tomaría la posta y sostendría el legado de la tía Ceci. “Cuando Ceci se sintió mal, mandó llamar a mi hija Raquel. Yo había trabajado aquí con Ceci en sus inicios, y luego regresé para ayudar a mi hija”. La tía Ceci no había mandado a llamar a un administrador ni a un cocinero externo, sino a la exesposa de su hijo. Su matrimonio había terminado, la confianza familiar no. “Daniela, mi nieta, quería cerrar, pero ¿cómo vamos a cerrarlo? Este es un legado. Todos decían que ya no se iba a abrir. Entonces volvimos poco a poco”, cuenta Nelly.
Historias de vida y sabor. Nelly Arévalo, el motor que mueve hoy el huarique de la tía Ceci y que permitió que continuara su legado.
Nelly Arévalo habla mientras llegan los pedidos. Entran un par de jóvenes; un primo que no veían hace mucho bromea mientras pide que a su chanfainita le agreguen mote y mucha huancaína. Una señora espera su pedido hablando de política. De pronto llega un cliente asiduo: Óscar León Castillo. Cuenta que llegó de Trujillo cuando era adolescente. Conoció La Chanfainita de la Tía Ceci a los 18 años y desde entonces lleva más de cuatro décadas regresando. ¿Y qué pide cada vez que viene? «Pura chanfainita, nada más. Por eso estoy bien parado. Ya no vivo acá, pero siempre regreso, yo conocí a la tía Ceci, tengo 76 años», responde.
En las mañanas doña Nelly atiende a clientes adentro; en el almuerzo, puede extender su horario de cierre hasta las cinco según la demanda. “Si no está Ceci no es igual, decían. Volver a captar clientes fue difícil”, recuerda. “Después que murió mi hija yo seguí apoyando a Lucho… y acá nos quedamos”.
LOS DATOS
La Chanfainita de la Tía Ceci está en la avenida Canevaro 537 (pared azul), Lince. Abre de lunes a viernes de 07:00 a 15:00 horas, con probabilidad de extenderse hasta las 17:00 horas si los clientes abundan.
Etiquetas: historias de sabor y sazón, chanfainita, chanfainita de la tía ceci, huariques, lince
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