Las parrillas acompañaron a los fogones, y el Latinoamérica Cocina 2026 en la bodega Piedra Infinita fue un bálsamo en tiempos radicales y de necesidades de respiro.
Esa vez el almuerzo fue íntimo, preciso como siempre, pero más familiar y cercano. Quizá fue que se hizo en Semana Santa, en ese espacio que uno utiliza para estar cerca de los que más quiere. Quizá fue la vibra de novedad en la cocina o el entendimiento que se dio en el menú, matizado por la temporada, lo local, el mundo recorrido en cada viaje, la experiencia y la veneración por el insumo. Las parrillas acompañaron a los fogones, y el Latinoamérica Cocina 2026 en la bodega Piedra Infinita fue un bálsamo en tiempos radicales y de necesidades de respiro.
Mendoza siempre te cura un poquito el alma. Y no necesariamente por el vino (aunque también), sino por ese sentimiento de familia que recorre el terruño de esta región Argentina. Bodegas que pasan de generación en generación, vida que pasa entre viñedos, suelos. Devoción al territorio. Este año el Latinoamérica Cocina de los Zuccardi hizo magia: congregó sazones de Argentina, Perú y Venezuela y celebro la pausa y el entendimiento de la materia prima. Narda Lepes (Narda Comedor) , Mariano Ramón (Gran Dabbang), Juan Luis Martínez (Mérito), Julio Martín Báez (Julia) y Leo Lanussol (Ness), junto con sus equipos, confeccionaron un menú de lectura cercana y que conversó sin pretensiones ni dificultades.
Se celebró en la bodega Piedra Infinita (Paraje Altamira, Valle de Uco), bastión ya del encuentro de cocinas y culturas, y en sus brasas, hornos y fogones se enredaron recetarios del mundo. Sí, porque ahí mismo hubo arepas y choripanes. Pero también chorizos tailandeses, tomates recién cosechados, sabrosas lenguas y pancetas, y refrescantes flanes animados con los vinos de la bodega. Ligeros, frescos, más serios. La cosecha finita, la guarda trabajándose y los ideales abiertos en mesa. Sebastián Zuccardi parece haber encontrado esa clave para hacer vinos hermosos, esa audacia y talento que solo algunos heredan. La noche cerró con pan con milanesa y carnes a la parrilla. Entender a quienes te visitan es una virtud que no pocos tienen.
Julia Zuccardi es la maestra de la orquesta. Sus padres, José Zuccardi y Anita Amitrano, admiran el talento de sus hijos. Lo respaldas y es que ellos sembraron la curiosidad y la necesidad de aprendizaje. Julia en hospitalidad, te hace sentir como si no hubieses salido de casa, querido, apapachado. Sebastián con los vinos y Miguel con el aceite de oliva. Enfrascado en la almazara de Zuelo en Finca Maipú, en la bodega y en el laboratorio donde nos hace probar sus más recientes cosechas. El aceite de los Zuccardi ha ganado premios. Hay Picual, Arauco, Genovesa, entre otros. Los olivos robustos y precisamente ese Genovesa aún verde, vibrante y fresco es el que se sirve en la mesa. El escenario ha cambiado, ya no estamos más en el señorío de Piedra Infinita, ahora toca la mesa rústica y casual, reilona de Pan y Oliva. La mesa grande, a pocos pasos de la almazara. La mesa generosa. Pan recién hecho que se hunde descarado en un generoso cuenco con aceite y ahí el mordisco de la felicidad. Pasta, pescado, pizza, helado, todo hecho desde cero y bajo la atenta mirada y amplia sonrisa de Mecha Ferraro.
A pocos minutos en auto, entre viñas y el delicado aroma de los romeros y lavandas en flor, la nueva bodega Santa Julia, un imponente edificio que alista toques finales e inauguración. Aún los hermanos debaten qué tipo de arte colocar en el ingreso, mientras recorremos los pulidos recintos con ánforas que juegan con la luz que entra por las ventanas superiores. Las texturas de la tierra, las grietas de los acabados, hablan de la Mendoza que nos recibe. Del progreso de una obra. La antigua Santa Julia permanece, la será un gran centro de guarda, bodega, cocina, oficinas y más.
El sol comienza a apagarse justo después que llegamos donde La Chacha (María del Carmen Vicario), la doña de las empanadas más cálidas en La Casa del Visitante (Maipú), otro de los espacios Zuccardi. De carne picada, de queso derretido, de humita. Las fuentes pasan, La Chacha sigue sacando empanadas de los hornos. Los niños ven tele dentro de la casona. Los más grandes ya se acurrucan con una copa de vino más. Y así, sin estridencias ni estrategias, Latinoamérica se junta de nuevo, bonito, sincera, con eso que la une para toda la vida: la cocina, el vino, la celebración de lo muy nuestro. La exacta dimensión. También la de Juan Gonzalo Rosé, esa que dice que “me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas…y más precisamente: me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas cuando llega el verano…”.
Etiquetas: latinoamérica cocina, piedra infinita, zuccardi, juan luis martínez, narda lepes, julio báez, leo lanusol, mariano ramón
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