ESPUMA CON HERENCIA Y CÓCTELES CON CERVEZA
En el mapa de las barras contemporáneas, la cerveza se convierte en un ingrediente interesante. Aporta volumen y frescor, un amargor botánico preciso y mucho más para lograr el cóctel perfecto.
En el mapa de las barras contemporáneas, la cerveza se convierte en un ingrediente interesante. Aporta volumen y frescor, un amargor botánico preciso y mucho más para lograr el cóctel perfecto.
Escribe Soledad Marroquín (IG @sol_marroquin)
Mucho antes de que la palabra “cóctel” se pusiera de moda, en el siglo XIX era costumbre mezclar la cerveza con licores, especias y endulzantes con el fin de darle más sabor, conservarla mejor o potenciar sus efectos. Así, la historia de la gastronomía líquida nos recuerda que la cerveza lleva siglos siendo parte en la elaboración de bebidas, tanto terapéuticas como festivas.
En el siglo XIV, en Inglaterra se preparaba el caudle, un reconfortante brebaje que fusionaba cerveza caliente, huevos batidos, especias y azúcar para combatir el frío inclemente. Este ponche se volvió tan famoso que hasta le diseñaron su propia taza: la caudle cup. Se dice, además, que esta bebida es la predecesora del icónico flip y del famoso eggnog, ese ponche infaltable para brindar en las fiestas de fin de año en el Viejo Continente.

Cuando esas costumbres desembarcaron en el Perú del siglo pasado, muy fieles a nuestro estilo adaptamos la receta. Sustituimos las ales ligeras por maltas y cervezas negras nacionales —como la entrañable Maltina de Backus— y les incorporamos el toque cremoso de la leche evaporada, huevos y su buena dosis de azúcar. Así nació un ponche reconstituyente que marcó las tardes limeñas de los años cincuenta y sesenta; ideal para aliviar los pesares de los convalecientes, para reponer a las madres después de dar a luz o, simplemente, para darse un gustito.
Hoy, en el mapa de las barras contemporáneas, la cerveza vuelve a la escena como un ingrediente interesante. Aporta volumen y frescor, un amargor botánico preciso, una carbonatación natural impecable y esa ligereza alcohólica que encaja con la tendencia actual de consumir cócteles con menor graduación alcohólica.

Es el caso del cóctel Mono Choro, que se sirve en la barra del restaurante Los Primos de San Juan. Su creadora, Alessandra Dejo, combina whisky, licor de avellana, licor de naranja y cerveza Golden Ale (si el cliente lo prefiere más seco, emplea una IPA). Por su parte, la carta del bar Barbarian va por el lado de lo directo con dos opciones muy fáciles para replicar en casa: el Lanzallamas, a base de cerveza rubia y un shot de licor de hierbas, y el Coche Bomba, con cerveza negra y un shot de whisky, este último muy al estilo de los famosos “prende y apaga” de las barras estadounidenses. En el bar restaurante Casa Cusqueña también encontramos una propuesta interesante que rinde culto a la casa con el Mojo Cusqueño, el Antídoto Dorado y el Dark Espresso Cooler, donde la cerveza se hermana con destilados como el ron, el whisky o el pisco.
Por eso, cuando los barténders locales en Lima destapan una cerveza para armar un cóctel, están despertando una herencia dormida, una tradición que estuvo ahí y que hoy resurge para hacernos brindar recuperando nuestra historia mediante el producto local. Es una oportunidad para sorprender el paladar de las nuevas generaciones y reconectarnos con esa mística de los encuentros en una barra. Es retomar las buenas conversaciones mirándonos a los ojos (y no al celular), reír y revivir lo bonito que es tomarse una cerveza con amigos. Al final del día, esto solo nos recuerda una gran verdad: la cerveza fue la primera red social del mundo.

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