LA COCINA CRIOLLA CASERA DE JOLGORIO EN SAN ISIDRO
Una casona de los 40 en San Isidro acoge al restaurante Jolgorio. Muy cerca de su hermano mayor, Barracones, este rincón familiar pone en la mesa alegría y sabores caseros.
Una casona de los 40 en San Isidro acoge al restaurante Jolgorio. Muy cerca de su hermano mayor, Barracones, este rincón familiar pone en la mesa alegría y sabores caseros.
Escribe Daniel Quintero (IG @danielquintero)
En una casona de los años 40, ubicada al final de la Av. Conquistadores, el chef Franco Ferreyra estrenó hace unos meses su Jolgorio, un comedor criollo con mucha onda y sabor casero, ideal para almuerzos familiares de fin de semana.
Fuimos al mediodía, con la idea de comer rico y pasar un buen rato. Apenas uno pasa el portal entiende de qué va todo: una casa amplia, mesas grandes, platos pensados para compartir y ese ruido constante de conversaciones cruzadas que solo aparece cuando hay varias generaciones almorzando juntas. La carta no busca reinterpretar la cocina peruana ni llevarla hacia un terreno moderno. De hecho, es lo contrario: regresar al guiso, a la cocción lenta y a los sabores que ya forman parte de la memoria.
Empezamos con entradas que activan emociones: un rocoto relleno que llega generoso, bien armado, con relleno extra a un costado, acompañado de un pastel de papa con buena mordida, donde se siente la textura y un picor bajo. El tamalito verde, firme, se acompaña con tropezones de seco y una refrescante sarza criolla. El pastel de choclo, suave y ligeramente dulzón, contrasta con el salado el relleno. También puede ser un plato único por lo generosa de la porción.
Hay mondonguito a la italiana que llega bien sazonado. Ají de gallina, con una crema espesa y el pollo cortado en trozos, de esos que uno come sin pensar mucho y cuando se da cuenta ya va por la última cucharada. El asado con puré, donde la carne se puede cortar con cuchara, un plato que se sirve al centro y se va repartiendo mientras la conversación sigue. El pollo al horno, acompañado de tallarines con tuco, como segundo es una muy buena decisión. Todos son platos que hemos comido en casa alguna vez y que aquí aparecen con una ejecución prolija, respetuosa y sin buscar darles demasiadas vueltas. Más que para ir solo y con apuro, Jolgorio es un restaurante que funciona mejor cuando la mesa está llena. El ambiente acompaña esa idea: hay música criolla los domingos, familias enteras, abuelos, padres y chicos. Se siente más a almuerzo en casa que a salida gastronómica. Y eso, en un distrito como San Isidro, es una rareza.

La barra, expuesta al fondo del patio, también acompaña bien el concepto. La coctelería está construida sobre destilados peruanos y clásicos conocidos, los cócteles son más acompañantes de la comida que bebidas para robarse el protagonismo. Hay piscos, vermú y opciones con insumos locales que calzan con el espíritu criollo, funcionando como ese primer brindis que abre el almuerzo o como compañía tranquila mientras la mesa se llena de platos.

El final, como tenía que ser, fue dulce. El suspiro a la limeña, tan dulce como suena en versión para dos, y los picarones de color claro, recién hechos, con una masa donde se siente el zapallo y la miel de chancaca especiada, cierran la experiencia. En los postres hay además un detalle que suma sentido: están a cargo de Claudia Ramírez, esposa y socia de Franco. En una propuesta que habla tanto de familia, memoria y cocina de casa, ese gesto se siente cercano, hay una mano femenina detrás de ese último momento de la mesa y que supervisa y acompaña la ejecución.
Jolgorio está en Av. Conquistadores 1250, San Isidro. Horario de lunes a domingo de 12:00 a 17:00 horas. Reservas en su web.
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