CUTO 16 EN LA PERLA: LA FINAL CON CARAPULCRA, SOPA SECA Y CUTO GUADALUPE
El exfutbolista cuenta cómo nacieron sus frases desde el vestuario y revela quién está detrás del plato por el cual sus clientes hacen cola los fines de semana.
El exfutbolista cuenta cómo nacieron sus frases desde el vestuario y revela quién está detrás del plato por el cual sus clientes hacen cola los fines de semana.
Escribe Diego Pajares Herrada (IG @diegopajaresherrada)
Luis ‘Cuto’ Guadalupe siempre ha tenido hambre. Pedía a gritos su carapulcra con sopa seca después de cada partido, con frases que ya utilizaba desde que eran un ‘calichín’ y que se hicieron virales cuando Internet apareció. En su restaurante Cuto 16 se juega un partido aparte. Una opción excelente para comer bien y disfrutar los emocionantes encuentros de la recta final del mundial.

Hay una palabra que Luis ‘Cuto’ Guadalupe repite como si fuera un mantra, y que explica mejor que cualquier otra su vida: “hambre”. «Es una frase que aprendí de [el entrenador] Franco Navarro: hambre, pero hambre de gloria», dice el exdefensor de la selección peruana y tricampeón con Universitario de Deportes. Y que hoy administra un restaurante en el Callao que se llama Cuto 16, especializado en comida chinchana. «Yo pienso en el amor, la pasión y la calidad que tienes que brindar al público», explica cuando se le pregunta dónde coinciden el fútbol y la cocina. No es una respuesta de compromiso: ‘Cuto’ creció en una casa donde, según cuenta, «no hemos nacido en cuna de oro, pero igual mi mamá, todo lo que hacía, lo hacía rico». El locro, el ajiaco, el escabeche de bonito de su infancia en Chincha y luego en el Callao, son hoy piezas de un recuerdo que ya casi no se encuentra en ningún menú de Lima.

La idea del restaurante no fue suya. «Fue del esposo de mi hermana, que siempre sabía que nosotros en la familia cocinamos rico desde Chincha», cuenta ‘Cuto’. La propuesta rondó años sin concretarse mientras él seguía jugando hasta que llegó el retiro y, con él, la plata necesaria: «ya uno retirado, con una platita por invertir… que justo fue mi participación en El Gran Show… esa platita fue la que pude invertir». Así nació Cuto 16, con un primer local que estaba, literalmente, en un predio familiar: la casa que su madre le alquiló, la misma que él le había comprado años antes cuando debutó como profesional.
A punto de cumplir 10 años, Cuto 16 tiene nombre propio en el mapa gastronómico chinchano de Lima, y un plato que se volvió inevitable: la carapulcra con sopa seca. «Yo les digo: prueben”, dice ‘Cuto’, con confianza. “Si no les gusta, lo dejan, no hay problema», cuenta sobre los clientes escépticos que llegan con malas experiencias previas. La receta (papa seca remojada, ají panca hervido para bajarle el picante, un aderezo que hay que mover «como dos horas») la prepara su hermana Rosa Guadalupe, la artífice de la sazón del lugar: «ella es la que hace la carapulcra, el arroz con pato y el seco con frejoles». Los platos estrella del restaurante. Y hay una condición que ‘Cuto’ no negocia: «acá en el restaurante puede faltar cualquier plato, se puede terminar, pero la carapulca nunca».
El cruce entre el mundo deportivo y el gastronómico no es nuevo para el ‘Cuto’: viene de antes del restaurante, de los años en los que un periodista le preguntaba qué iba a comer después de un partido y él respondía, invariablemente, lo mismo. «Estando en la U, me acuerdo en 1995, los periodistas me preguntaban y yo les decía que me iba a comer mi carapulcra. Ese plato ahora ya tiene un lugar en el fútbol», dice orgulloso. La carapulcra con sopa seca se volvió, sin que él lo planeara, parte de su identidad futbolística antes de ser el plato emblema de un negocio.
Lo mismo pasó con otras frases suyas. «Tengo hambre» nació tras una charla del entrenador Franco Navarro, antes de un partido que el ‘Cuto’ iba a disputar con la camiseta del León de Huánuco. Jugaban de visita en Chiclayo, ganaron y las cámaras hicieron lo suyo: registraron para siempre su frase de batalla. Su grito de guerra. «Cuando yo entraba al campo, para mí era que entraba a la guerra», cuenta. Años después, otra frase, «la fe es lo más lindo de la vida», se volvió viral gracias a una parodia de los futbolistas Yoshimar Yotún, André Carrillo y Wilder Cartagena durante la pandemia, al punto que ‘Cuto’ tuvo que registrarla como marca para no perderla frente a una inmobiliaria que intentó registrarla sin su permiso. «Casi la pierdes», le recuerdo en la entrevista. «Sí, casi. Pero estaba ya en proceso», responde él, todavía sorprendido de que una frase dicha sin pensar terminara protegida legalmente.
Lo que más le llama la atención hoy, dice Luis ‘Cuto’ Guadalupe, no es el negocio sino el afecto que sigue recibiendo de hinchas de todos los equipos, incluidos los de rivales históricos de la U, como Alianza Lima. «Cuto, yo soy de Alianza”, me dicen. “Pero contigo me voy a tomar, porque eres el ‘Cuto’ pues», remata riendo. «Uno se llena de orgullo cuando dicen eso. Nunca imaginé que después del fútbol iba a tener esto».
Ese cariño transversal es, para él, la explicación de por qué el retiro no lo golpeó como a otros excompañeros. «Gracias a Dios, que cuando yo me retiro no pasé mucho ese proceso de luto», cuenta, consciente de que muchos futbolistas caen en depresión al dejar las canchas. Su refugio fue La Fe de Cuto, el programa en línea con el que entrevistó a leyendas y jugadores contemporáneos: «encontré algo que me iba a ayudar a olvidar por el momento la ausencia de la actividad”. Hoy, a los 50 años, ‘Cuto’ mide distinto sus batallas. No se anima jugar los campeonatos de exjugadores. «¿Para qué vas a exigir el motor, si ya cumpliste?», se pregunta, y reconoce que ha tenido que trabajar en su carácter: «he tenido un carácter bien complicado».
Pero hay una anécdota que resume mejor que cualquier otra esa hambre que nunca se le fue del todo. En 2013, ya fuera de la U pero no del cariño por ella, le tocó vestir la camiseta del Garcilaso del Cusco y patear un penal decisivo en Huancayo, en la final contra el equipo de su corazón. Al ejecutar el disparo se resbaló. Aun así, el balón entró. «Todos dijeron ese lo quería fallar», comenta que le dijeron después, dando por hecho que el hincha había traicionado al futbolista. Él lo niega sin dudar: «en toda mi carrera, jamás. Lo contrario: en mis mejores partidos yo quería ganarle a la U. Cuando juegas contra tu ex, quieres demostrar que se equivocaron, que te sacaron mal». Ahí está resumido el ‘Cuto’ Guadalupe: un gol que entra incluso cuando el cuerpo falla, porque el hambre no negocia ni con el corazón. Es la misma hambre que hoy sostiene, sin resbalones, el fuego bajo la carapulcra con sopa seca que sale de su cocina todos los días, sin falta.
El restaurante Cuto 16 se encuentra en la calle Lizandro Montero 282, en La Perla. Abre de martes a domingo de 12:00 a 18:00 horas. También sirve platos criollos y marinos. Además, atiende delivery y reservas vía mensajes internos de Instagram.
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