En un país golpeado por la inseguridad alimentaria, el Banco de Alimentos del Perú (BAP) despliega un sistema logístico para nutrir a las comunidades más vulnerables. A esta cruzada se suma la segunda edición de su alianza con Hoteles Aranwa, un modelo de apoyo empresarial que transforma el consumo gastronómico de sus huéspedes en decenas de miles de raciones de comida para quienes más lo necesitan.
La inseguridad alimentaria en el Perú no solo significa no tener qué comer, sino no poder acceder a comida que nutre. Las consecuencias de esta crisis son silenciosas pero devastadoras. Daniela Osores, representante del Banco de Alimentos Perú (BAP), advierte que el hambre «hipoteca realmente a miles de niños» en el país. Si un menor no se alimenta correctamente durante sus primeros cinco años de vida, el desarrollo de su cerebro se ve afectado de manera irreversible, impidiéndole estudiar o trabajar con normalidad en el futuro.
Menú contra el hambre. El chef Ernesto Noriega y la representante del Banco de Alimentos, Daniela Osores, preparan un cebiche solidario.
Para combatir esta situación, el BAP no solo entrega donaciones, sino que realiza una radiografía estructural de la pobreza. El año pasado, la organización censó a casi 800 organizaciones sociales en Lima y actualmente planea expandir este registro a Ica. «Hay censos familiares, pero no hay información que te diga cuál es el estado de vulnerabilidad de un comedor popular, si tiene acceso a agua, si tiene acceso a desagüe, si tiene luz, si tiene piso, si tiene techo. Y con ello muchísimos factores que agravan la inseguridad alimentaria», detalla Osores sobre la importancia de conocer las condiciones en las que cocinan estas comunidades.
La trazabilidad es un pilar fundamental en este proceso. El BAP cuenta con un equipo de campo y coordinadoras voluntarias que supervisan la preparación de las comidas. Mediante guías de entrega, firmas de actas y un riguroso control en cuadernos escritos a mano por las líderes de los comedores, la organización garantiza que cada alimento donado calce exactamente con las raciones servidas. «No podríamos permitirnos de ninguna manera que haya un alimento y que se pierda en el comedor, eso sería gravísimo», comenta.
TRANSFORMAR EL CONSUMO EN AYUDA
Menú contra el hambre. La chef Carolina Uechi preparó un lomo saltado, plato que formará parte del reto solidario del BAP y Aranwa.
Es en este engranaje donde la empresa privada entra a tallar. «Desde el Banco de Alimentos somos un puente para que empresas, como en este caso Aranwa a través del programa Platos Solidarios, puedan llegar a sus comunidades y garantizarles que todo va a llegar a quienes lo necesitan y de la mejor manera», explica Osores, tras la presentación oficial de esta segunda edición realizada en las instalaciones del hotel Aranwa en Paracas.
La cadena hotelera ha estructurado un modelo de donación directa. Jorge Arangüena, gerente de marketing de Aranwa Hotels, detalla que la empresa dona el 5% de las ventas netas de tres «platos solidarios» seleccionados en cada uno de sus hoteles (Paracas, Vichayito, Valle Sagrado, la ciudad del Cusco y el Valle del Colca). La matemática de la alianza es directa: por cada sol donado se genera una ración de comida, lo que significa que la elección de uno de estos platos se traduce en dos o tres raciones de alimentos. El impacto ha sido notorio: mientras que en la primera edición se alcanzaron las 12.000 raciones, para mediados de este año ya se acumulan más de 30.700, con una proyección de cierre que supera las 43.000 raciones de alimentos entregadas. Para involucrar al huésped en esta cadena, los restaurantes de Aranwa se apoyan en su equipo humano de atención y en platos especiales en sus cartas, preparados por chefs invitados como Carolina Uechi, Ernesto Noriega y Sebastián Vega y se detalla que son para este fin benéfico.
Menú contra el hambre. El lomo saltado es uno de los platos solidarios de Aranwa.
El desafío social exige un frente mucho más amplio. «Necesitamos que muchísimas empresas pongan a disposición o un plato, o productos, o cualquier esfuerzo que puedan hacer para contribuir», pide Osores. «La única manera real de lograr la continuidad de esto es que más empresas se sumen y tomen de ejemplo a Aranwa», recalca la representante del BAP, recordando una regla de oro en el sector social: «En temas de ayuda no hay competencia».
Como resume Arangüena, el objetivo corporativo debe ser «mover la máquina para que esto siga funcionando y lleguemos al hambre cero», demostrando que la sinergia entre el Estado, las organizaciones de base y el sector privado es hoy una urgencia impostergable.