EL OJO DEL COMENSAL: DE TAGLIO A LA NUEVA APERTURA DE CROSTA
Rodrigo Vera y Julio Castro renuevan la marca de pizza al corte y ahora sorprenden con sánguches romanos de focaccia.
Rodrigo Vera y Julio Castro renuevan la marca de pizza al corte y ahora sorprenden con sánguches romanos de focaccia.
Escribe Carlos Carlín (IG @carloscarlinof)
Han pasado seis años desde que Rodrigo Vera y Julio Castro —junto con sus socios— se lanzaron en Barranco con la idea de darle una vuelta distinta a la pizza. Así nació Taglio (que en italiano significa “corte”), un concepto fresco para el comensal pizzero de Lima, al que siempre sorprendían con sabores nuevos. La jugada funcionó: se ganaron a la gente y pronto dejaron Barranco para abrir en Surco, después en Miraflores y más tarde uno más en La Molina. Ahora Taglio se expande y crean Crosta, sánguches generosos de focaccia y con muy buen insumo.

Pero la cosa no se quedó ahí. Con tres locales andando, también llegaron más responsabilidades. Para esta dupla los retos nunca han sido un freno, al contrario, son la excusa perfecta para seguir arriesgando. Así que subieron la apuesta y crearon Crosta –“corteza” en italiano— con un plan bien claro: abrir una taberna al estilo romano en Lima.
En Crosta la estrella son los sánguches y su nombre lo dice todo: pan crocante, de esos que suenan al morderlos. Son generosos, como nos gusta, y vienen rellenos con combinaciones tan sabrosas como atrevidas. El Crosta, por ejemplo, trae chorizo español picante, prosciutto, queso grana padano, mayonesa de ajo rostizado con perejil, stracciatella, pesto genovés y pimientos horneados. No pueden dejar de probarlo. Y si buscan algo vegetariano, el Crosta Veggie se luce con berenjenas crocantes, pesto casero, tomates deshidratados, reducción de balsámico y espinacas salteadas.

En Taglio de Miraflores la carta también creció, sumando platos hechos con la misma masa de la casa. Los ñoquis ai funghi con cuatro tipos de hongos y la lasaña de pesto con langostinos ya se han ganado un puesto entre los favoritos. El último espacio en La Molina renovó la jugada con ensaladas y postres nuevos, manteniendo la misma idea: innovar siempre, pero sin perder el sabor casero que les enseñaron sus mamás y abuelas. Porque la regla es clara: en la cocina siempre se juega. Y en ese juego, el que siempre gana es el comensal.
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