AKANKARECH: MEMORIA Y FUEGO YÁNESHA
Más que una comida, la técnica de asar una gallina que practican los pueblos indígenas originarios en Oxapampa está asociada a costumbres que fortalecen su identidad.
Más que una comida, la técnica de asar una gallina que practican los pueblos indígenas originarios en Oxapampa está asociada a costumbres que fortalecen su identidad.
Escribe Sonaly Tuesta ( IG @sonalytuesta) / Fotos Martín Alvarado
Cuando los recuerdos te evocan comunidad, conocimiento y rituales, entonces puedes pensar, por ejemplo, en esta técnica de asar una gallina. Ponerle sal y dejar a la brasa que haga lo suyo.
El akankarech comienza con algo sencillo: una gallina o un pollo, un poco de sal y el fuego. En la comunidad Yánesha de Tsachopén (Oxapampa, Pasco), las aves, abiertas y bien limpias, se colocan entre dos carrizos que las sostienen firmemente, una junto a otra, incluso varias en un mismo soporte. Luego se acomodan alrededor de la brasa y comienza una cocción lenta, casi paciente. No hace falta más: solo sal, calor y humo. Mientras la carne se va asando, quienes están alrededor esperan, conversan y comparten. Y cuando está listo, llega también el momento de compartir la comida.
Ese recuerdo me lleva a otro, mucho más antiguo y sagrado. Porque el akankarech no es solamente una comida de la comunidad. Marcial me contó que sus abuelos llegaban hasta el santuario de Yompor Yompere para ofrecer sus cosechas, el masato y también el akankarech. Era una manera de agradecer y de pedir protección para continuar viviendo y trabajando en comunidad.
.En este lugar sagrado, las piedras tienen formas caprichosas y representan a Yompor Yompere, a su esposa Mama Achi y a otros miembros de su familia. No parecen esculturas hechas por alguien: son formaciones naturales que, para los yáneshas, tienen una presencia y un significado espiritual. Allí se llega para cantar, danzar y dejar ofrendas.
Las yucas, el pescado y la pituca también llegan hasta el santuario como ofrendas. Allí, algunas mujeres mayores, guardianas de esta costumbre, se acercan a las piedras y raspan suavemente su superficie. Recogen un poco de esa tierra, la guardan y se la llevan consigo. Es una manera de mantener el vínculo con los ancestros y con ese lugar sagrado, de llevarse algo de su fuerza y su protección.
El santuario no está separado de la vida cotidiana. Allí se pide por la comunidad, por las familias, por los niños, por las cosechas. La comida que se ofrece es la misma que se cultiva y se comparte.
Y algo parecido sucede con las plantas medicinales.
Antes de entrar a conocerlas, me explicaron que había que pedir permiso. Los antiguos yáneshas cantaban antes de utilizarlas. No se trataba simplemente de recoger una planta y convertirla en remedio: había un ritual, un canto y una petición a dios.
Entre esas plantas estaba el tabaco o yomash, cuyas hojas eran procesadas hasta obtener un extracto parecido a la miel, utilizado tradicionalmente en curaciones y para aquello que ellos llaman “el daño”. El collur o planta roja es reconocido como remedio para el corazón.
El ancojacha se utiliza para fortalecer el cabello y evitar su caída, y también para dolores de ovarios, artritis y reumatismo. La achira o potsap, convertida en polvo, se emplea para las manchas de la cara; la chancapiedra o mapué, para golpes y hematomas; y una variedad de piri piri o epé, para facilitar el parto.
Paco me contó que su madre había sido partera y que él aprendió de ella. Ese conocimiento no estaba escrito en un libro. Se lo había enseñado su madre, y él lo seguía compartiendo con quienes llegaban a conocer estas plantas.
Todo está relacionado: la tierra que alimenta, el fuego que cocina, las plantas que curan y la memoria que permite que una comunidad siga reconociéndose en lo que sus antepasados le dejaron.
Por: Sonaly Tuesta
Desde la creatividad y el cariño, doña María y doña Carmen nos abrigan con sus recetas. Fueron alguna vez el refugio de identidad que encontré en el pueblo de María (Luya, Amazonas).
Leer másPor: María De Michelis
De perderlo todo en pandemia a abrir un nuevo restaurante en el Museo Antropológico Muna de San Salvador. María de Michelis nos cuenta la historia de Gracia María Navarro y Alexander Herrera.
Leer másPor: Ketty Cadillo
Elaborado a partir de alga nori, sésamo y proteína deshidratada de pescado, entre otros ingredientes, el furikake es un condimento que aporta umami.
Leer más