DEL PACÍFICO A LA PAMPA: CUANDO EL MAR Y LA TIERRA SE ENCONTRARON EN ELENA
Una crónica sobre los días en que Gastón Acurio, Mitsuharu “Micha” Tsumura y Anthony Vásquez llevaron los sabores de La Mar y Maido al restaurante Elena en Buenos Aires
Una crónica sobre los días en que Gastón Acurio, Mitsuharu “Micha” Tsumura y Anthony Vásquez llevaron los sabores de La Mar y Maido al restaurante Elena en Buenos Aires
Escribe Soledad Marroquín M. (IG @sol_marroquín)
El último viernes de mayo, Perú aterrizó en Buenos Aires, en Elena, el restaurante del hotel Four Seasons especializado en carnes maduradas y cocina argentina de producto. Anthony Vásquez y Gastón Acurio y Mitsuharu “Micha” Tsumura llevaron un poco de la esencia de La Mar y Maido para ofrecer una cena exclusiva, junto con los anfitriones Juan Gaffuri y Nicolás Díaz Rosaenz. Aquí los detalles de estos días en que la amistad y los sabores compartidos afianzaron los lazos entre dos países.

Detrás de la noche mágica en Elena, hubo un preámbulo de fuego, camaradería y manos experimentadas. El viaje no empezó el viernes con el descorche oficial, sino días antes organizando todo para lo que se venía. El jueves, Juan Gaffuri encendió las brasas de Nuestro Secreto para recibir a los amigos de Perú y la comunidad gastronómica porteña en un asado íntimo y generoso para dar la bienvenida a Gastón Acurio y Micha Tsumura, recién aterrizados en Buenos Aires.
Alrededor de esa mesa y al calor del fuego, se juntaron los grandes que marcan el camino: Dolli Irigoyen, el histórico Emilio Garip, Julián Díaz, Walter Lui… la plana mayor de la gastronomía porteña compartiendo copas y anécdotas con los maestros peruanos.
Pero mientras las risas sonaban en el salón, detrás del telón el trabajo seguía. Los tres equipos de cocina —Elena, Maido y La Mar— convivían en pleno mise en place. Verlos trabajar en simultáneo fue una lección de respeto absoluto al colega y al insumo. Sin espacio para el ego, solo para la concentración absoluta: manos expertas con la pesca del Pacífico y Atlántico, ojos atentos al punto de los fuegos y que cada corte y cada emulsión estuvieran en su punto. Sabían que el desafío del día siguiente no era menor: trasladar la identidad de Lima a Buenos Aires exigía que la comida sea provocadora y, sobre todo, inolvidable.
Así se llegó al viernes. Las puertas de Elena, incluido en la Guía Michelin de Buenos Aires y puesto 54 del World’s 101 Best Steak Restaurants 2026, se abrieron y el imponente salón del Four Seasons —ese espacio de techos altos, maderas cálidas y elegancia porteña al que regreso luego de 12 años (no podía más de la emoción)— comenzó a llenarse de alegría, conversaciones íntimas y amenas así como una expectativa palpable. Los comensales sabían que estaban a punto de presenciar un hito en el que las cocinas del mar del Pacífico se unirían con las de la pampa argentina. Incluso en el ascensor del hotel encontramos personas que no alcanzaron reserva, y es que la demanda de espacios fue total.
Desde el salón se apreciaba la cocina abierta, el despliegue era admirable, rostros concentrados, sonrisas para quienes se acercaban a grabar, junto al ruido de cuchillos, ordenes cruzadas, el sonido del fuego y el tintineo de copas listas para el despliegue. Gastón Acurio, Anthony Vásquez y Daniel Llasaca con su energía habitual; Micha Tsumura, Akira Shiroma y Óscar Aedo con la serenidad que los caracteriza. En la selección argentina y capitaneados por Juan Gaffuri, Nicolás Díaz Rosaenz y su tremendo equipo para controlar los fuegos. En el mundo dulce la chef pâtissière Soledad Gamberoni se lució. Ambos equipos mostraron que lejos de ser dos geografías distantes la mesa puede expresar un solo lenguaje que provoca infinidad de emociones.

El play de inicio fue el tartare de lomo de Angus Dry Aged sobre crocante de tapioca firmado por Elena, sutil y crujiente. Llegaron los cebiches interpretados desde la genialidad de La Mar y Maido. Vibrantes y rompiendo esquemas. Pasamos a los sabores y texturas cálidas. Gastón propuso un dim sum marino lleno de sabor y Micha terminó de romper moldes uniendo el norte peruano y la Patagonia: cordero patagónico bañado en salsa de seco, coronado por una nube de chicha de jora, y acompañado por un arroz chaufa blanco con salchicha china. La mezcla de culturas es maravillosa y reafirma que la cocina es un puente infinito y que trasciende.
Para el cierre salado, Elena hizo brillar su corona carnívora. Quién se resiste a una milanesa cuando visita Buenos Aires. Y si están en Elena hablamos de palabras mayores: milanesa a caballo de bife de chorizo Wagyu Dry Aged. ¡Qué bárbaro! Es recordar otra vez por qué Argentina es una potencia en la carne de vacuno y por qué los peruanos nos rendimos ante ella. La milanesa llegó tierna, opulenta y con esa costra perfecta que solo da el dominio sobre el fuego y el calor.

Los postres nos dejaron mudos para disfrutar la fiesta sin parar: churros con chocolate, banana split y toques cítricos por Elena. No podemos dejar de mencionar las medias lunas, facturas y alfajores en los desayunos, imposibles de resistir.
La gastronomía líquida también brilló de la mano de Mariano Moreno, jefe de bebidas y diestro sommelier quien junto a su equipo seleccionó muy bien las etiquetas que acompañaron los platos: D.V. Catena Nature, La Marchigiana Moscatel 2025, MUR Pils (cerveza artesanal), Kung Fu Orange Sauvignon Blanc 2025, El Esteco Old Vines Criolla 2025, Nodo Pinot Noir 2024 y Alma de Cacao, un licor elaborado en casa a base de cascarilla y mucilago de cacao con té Rooibos y Flor de Caña 7 años.
Una noche –días en realidad- para el recuerdo, de intensas emociones y reencuentros, sabores, rostros felices, paladares satisfechos y la emoción de palpar la hermandad que fluye de manera tan bonita entre dos países hermanos: Argentina y Perú.
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