ETCÉTERA: EL SECRETO PARA DESEAR QUEDARTE EN UN LUGAR POR HORAS
Conversamos con Freddy Jo, uno de los fundadores de Etcétera, cafetería de especialidad que anuncia nueva carta y revela la historia de cómo nació un lugar del que no quieres irte.
Conversamos con Freddy Jo, uno de los fundadores de Etcétera, cafetería de especialidad que anuncia nueva carta y revela la historia de cómo nació un lugar del que no quieres irte.
EscribE Diego Pajares Herrada (@diegopajaresherrada)
Más que una cafetería de especialidad o restaurante, Etcétera es un lugar que invita a quedarse. Sin presión, con espacios dedicados al coworking o a tomar el café con un amigo, aterriza su concepto no solo con nuevas opciones sobre la mesa; sino en la idea de que todos siempre somos algo más. Siempre tenemos un etcétera.
Hay algo en Etcétera que invita a quedarse. No tiene la lógica de esos lugares donde uno entra, pide algo rápido y sale rápido. Estamos hablando de que el tiempo se estira un poco. La gente abre laptops, acomoda cuadernos, conversa largo, sobre todo en el segundo piso, y desaparece durante horas entre cafés, algún tentempié y videollamadas. Otros se quedan abajo apenas un rato, una pausa breve antes de volver al ruido de Lima.
Quizá sean los techos altos. O las grandes ventanas. O esa sensación extraña —cada vez menos común en Lima— de tener un espacio amplio. Freddy Jo, uno de los socios de Etcétera, dice que el diseño del local viene, en parte, de una memoria personal: la antigua casa de adobe de su padre, donde los techos también parecían enormes.
“La casa de mi papá era de adobe y tenía techos muy altos. Entonces yo creo que ese espacio, esa amplitud, es lo que me llevaba a decir: necesito tener amplitud en el lugar”, dice, cuando habla del espacio construido en Miraflores, que ahora es una cafetería que saca adelante junto con sus socios Francesco de Sanctis y Gonzalo Rodríguez. Y sí. El lugar tiene algo de casona reinterpretada. No desde la nostalgia evidente ni desde el gesto colonial impostado que a veces Lima convierte en decoración, sino desde la sensación. Desde cómo la luz entra. Cómo el espacio respira. Cómo uno no siente la obligación de irse rápido. “Podría ser el aire acondicionado”, bromea Freddy.
Mientras la ciudad aprendía a vivir encerrada por la pandemia, Freddy y Francesco de Sanctis se sentaban en el local vacío —entonces un antiguo spa— separados por varios metros de distancia, todavía con miedo al contagio, imaginando qué hacer con el espacio. La idea fue construir una cafetería cuando la gente más necesitaba salir de casa.
Probablemente por ello Etcétera terminó convirtiéndose en una especie de refugio contemporáneo para gente que trabaja fuera de oficina, freelancers, estudiantes, personas que necesitan un lugar para pensar mejor y sin interrupciones. El segundo piso fue diseñado exactamente para eso. Enchufes, mesas cómodas y aire acondicionado. Abajo, en cambio, el ritmo es otro. Más rápido. Nada es al azar.

Lo explica Freddy: “Nosotros tenemos una clientela que va a hacer teletrabajo o coworking. El segundo piso está habilitado para eso. El primer piso y la terraza no. Puedes trabajar abajo si quieres, pero no encuentras enchufes. Lo planeamos así. Queríamos que el primer piso sea más de entrar, tomar café, comer algo y seguir”. Pero Etcétera tampoco nació solamente desde la arquitectura o desde el boom de cafeterías de especialidad que explotó después de la pandemia. En el fondo, nació desde una idea bastante más simple: la hospitalidad.
Freddy recuerda haber trabajado de joven en una cadena de cafeterías y quedarse obsesionado con algo que iba más allá del café. “Yo siempre decía que la energía que hay, el contacto directo con los clientes, el trato entre los compañeros era muy bonito. Entonces yo siempre tenía grabado en mi cabeza que una cafetería era un lugar así. O sea, era un lugar lindo donde trabajar”. Eso todavía se siente en Etcétera. Los socios aparecen constantemente en las mesas del primer piso, saludan a los clientes. Conversan con los trabajadores. Caminan como gente que sigue habitando el lugar que imaginó. “No nos sentimos como en un trabajo, nos sentimos como en el lugar donde tenemos que estar”.

Etcétera. Es una palabra que normalmente aparece al final de las frases, como si lo importante ya hubiese sido dicho. Pero en la mente de Freddy funciona distinto. Parece hablar de todo lo que todavía falta completar. De las personas que trabajan ahí, que comen ahí, que vuelven ahí. De las conversaciones largas. De los planes a medias. De la gente que no termina de definirse en una sola cosa. “Etcétera… porque siempre hay un etcétera más, siempre hay un poquito más, siempre hay algo más que dar (…) siempre somos algo más que el común”. Es posible que todos seamos un poco eso: una lista incompleta de cosas. Trabajo, ansiedad, café, conversaciones pendientes, ganas de irse, ganas de quedarse… etcétera.

Hoy, tres años después de abrir casi por impulso durante Semana Santa —y descubrir, para sorpresa de ellos, que la cafetería se llenaba más rápido de lo esperado— Etcétera acaba de lanzar una nueva carta. Ahora con wraps, pokes, ensaladas más elaboradas, bebidas con spirulina y matcha, jugos pensados desde el equilibrio más que desde la rigidez saludable. La idea, dice Freddy, no era convertirse en una cafetería estrictamente healthy, sino en encontrar el balance. Poder comer una trucha con ensalada y después pedir un postre de lúcuma. Sin culpa alguna. Como casi todo en Etcétera: sin prisa y con espacio suficiente para quedarse un rato más.
Etcétera se encuentra en calle Arica 275, Miraflores. Atiende de lunes a sábados de 08:00 a 22:00 y los domingos de 08:00 a 21:00 horas. Para más información sobre reservas y cartas puede consultar etcetera.com.pe o vía WhatsApp al 955 298 907.
Una nueva juguería abre en la carretera al sur para acompañar el verano limeño con fruta fresca, opciones al paso y una carta pensada para el movimiento.
Leer másLes contamos cómo armar una tabla de quesos y fiambres que anime las reuniones pequeñas y más grandes.
Leer másLos speakeasy se están poniendo de moda en Lima: detrás de las cortinas de una bodega de barrio, se come, se bebe y pasan cosas.
Leer más