FILO: FESTIVALES GASTRONÓMICOS QUE VIBRAN AL RITMO DE LA EXPERIENCIA
¿Cómo realizar un festival gastronómico en una ciudad en la que cada vez se hacen más eventos golosos? Nachi Benza, creador de FILO, cuenta cómo lo hace.
¿Cómo realizar un festival gastronómico en una ciudad en la que cada vez se hacen más eventos golosos? Nachi Benza, creador de FILO, cuenta cómo lo hace.
Escribe: Diego Pajares Herrada (IG: @diegopajaresherrada)
Hay algo en la producción de festivales que no se aprende en libros. Se aprende cuando algo está a punto de salirse de control y, sin embargo, todo sale bien. Cuando la gente empuja, el sonido sube, el calor aprieta… y todo sigue funcionando. Alguien está sosteniendo ese caos. Hablamos de un festival de música. Nachi Benza, creador de FILO, viene de ahí.

Antes de pensar en platos, Nachi Benza pisó los escenarios. Antes de calcular flujos de comensales, tocó ante multitudes sobre una tarima. Fundador de Difonía, una de las bandas peruanas más emblemáticas, arquitecto de formación y productor por instinto, su tránsito hacia la gastronomía no fue un giro: fue una traducción… sin perderse en el camino.
Un festival —sea de música o de comida— es, en el fondo, lo mismo: gente buscando pasarla bien y alguien intentando que eso ocurra sin que se rompa nada. “Yo vengo de un mundo de producción que no tiene nada que ver con la comida. Y no es lo mismo hacer un concierto que un festival de música. Si bien los dos tienen baños, seguridad, comida… la dinámica no es igual”, sostiene Nachi. Y en esa diferencia —aparentemente mínima, pero enorme en la práctica— está una de las claves de por qué algunas ferias aparecen y desaparecen mientras que otras, como FILO, permanecen.

En Lima, montar una feria gastronómica parece una buena idea: un país gastronómico, un público curioso, marcas interesadas. La ecuación suena fácil, pero no lo es. “Muchos las ven como un negocio que puede funcionar. Pero no es lo mismo que hacer un evento”, suelta Benza sobre las ferias gastronómicas en general. Y comienza a marcar diferencias. Porque una feria no es —asegura Benza— una “suma de stands”. No es juntar restaurantes, poner música de fondo y esperar a que la gente llegue. “Eso lo puede hacer cualquiera”, afirma. “Poner (temáticas de) costa, sierra y selva y 50 restaurantes, eso lo puede hacer cualquiera. Pero hay que fijarse en la experiencia”, insiste.
FILO nació hace casi una década con esa obsesión. No tanto en preocuparse qué se come, sino por cómo se vive. Un día completo que no se agote en el plato. Marcar la pauta. El ritmo. Algo mucho más cercano a un line up de bandas que a una carta gastronómica. Esto no es casualidad. Nachi Benza arma ferias como quien arma un festival musical. Hay curaduría, sí, pero también hay narrativa. No se trata solo de quién está, sino de cómo conviven. Su formación como arquitecto, además, le da otra lectura: pensar el espacio por cómo se comportan las personas. Por dónde entran. Dónde se detienen. Dónde se quedan más de la cuenta. “Arquitectura no es hacer una casita y ya. Tienes que ver cómo se usa. A mí siempre se me hizo natural imaginar espacios como los que hacemos”, explica.
Luego está la otra escuela: Nachi lleva 23 años tocando en escenarios. “Definitivamente, cuando llegué a FILO (mi experiencia en festivales musicales) me ayudó a pensar: la entrada por acá es la peor idea del mundo, el escenario debería estar al revés, esto es muy grande, esto muy chico…”. Esa mirada es la que termina marcando diferencias que el público quizá no nombra, pero sí siente. Porque si hay algo que sostiene a FILO no es solo la forma en la que se arma, sino para quiénes se hace. “Hay muchos clientes —afirma Nachi—. Está el restaurantero, están las marcas, está la gente que trabaja en la feria”.
En muchas ferias, el restaurante es un proveedor más. En FILO, es protagonista. “Desde el inicio decidimos no cobrar un cargo fijo [para que los restaurantes participen de la feria]. El modelo apuesta por otra lógica: que todos ganen, o al menos, que nadie pierda por participar. “Si tú los ‘clavas’, ¿cómo te van a defender o ayudar? No tiene sentido”, dice Nachi, recordando sus años de músico, cuando para poder tocar su banda tenía que vender entradas o pagarlas de su bolsillo.
Si algo ha aprendido Benza en más de 60 ferias realizadas es que no hay fórmula fija. Que lo que funciona hoy, mañana se desgasta. Que el público cambia. “Antes yo era el público. Hoy ya no. Tengo 40 años, dos hijas. El público de FILO sigue teniendo 30”, dice.
Entonces hay que escuchar. O, más difícil: aceptar que no siempre tienes razón. “Hay gráficas [que diseñan para sus eventos] que a mí no me gustan tanto, pero funcionan. Porque yo ya no soy el público”, reconoce. Soltar el ego, asegura, también es parte del oficio. En ese camino, también hay decisiones que duelen. Pasarse a un sistema sin pago en efectivo, por ejemplo. Quien va a FILO no puede comprar con dinero en efectivo. “Fue un piscinazo. Nos estrellamos un rato. La gente renegaba. Pero hoy ya nadie se queja”, cuenta, triunfante. Innovar tiene ese costo: ser el primero en equivocarse, pero también el primero en aprender. Hoy realiza ocho eventos FILO con diferente temática al año: hamburguesas, de verano, y más.
Nachi Benza no habla de fórmulas mágicas. Habla de pilares. De cosas que suenan obvias hasta que alguien intenta hacerlas. Primero: la experiencia. En todos los niveles, desde lo digital hasta lo presencial. Segundo: la comunicación. Entender al público, leerlo, hablarle en su idioma, aunque ese idioma ya no sea el tuyo. Tercero: el equipo. Rodearse de gente que sepa lo que uno no sabe y dejarla hacer.
Y, cruzando todo eso, algo menos medible pero igual de importante: el origen. “FILO comenzó por feeling. Hoy es una empresa estructurada, pero la semilla sigue ahí. Ese corazón hace que todo tenga sentido, vaya bien o mal”, dice. Quizá por eso FILO se parece más a una banda que a una feria. Porque no vive solo de lo que vende, sino de lo que genera. Y porque, como en cualquier buen festival, lo importante no es solo que la gente llegue. Sino que quiera volver.
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