ISABELLA CHIRIBOGA: SOSTENER LA VISIÓN
Su proyecto arrancó en plena pandemia pero con la convicción de que debía existir. Hoy, Pez Bela es uno de los restaurantes de mar más valorados, no solo de Quito, sino del Ecuador.
Su proyecto arrancó en plena pandemia pero con la convicción de que debía existir. Hoy, Pez Bela es uno de los restaurantes de mar más valorados, no solo de Quito, sino del Ecuador.
Escribe Adelaida Jaramillo. (IG @adeljar)
Mientras cientos de restaurantes cerraban durante la pandemia, Isabella Chiriboga apostó por abrir el suyo. Lo hizo con poco capital, un equipo pequeño y una carta breve de cebiches que salía únicamente por delivery. Lo más difícil, recuerda, no fue la falta de recursos, sino sostener la convicción de que aquel proyecto merecía existir. «Creer profundamente en mi proyecto, en mi capacidad para adaptarme a los desafíos y en mi liderazgo personal», dice al recordar esos primeros meses de incertidumbre.



Comenzó invirtiendo solo en lo indispensable y creciendo paso a paso. Esa experiencia también le dejó una lección que hubiera querido aprender antes: entender que un restaurante se construye tanto desde la cocina como desde la gestión. Con los años descubrió que dirigir un negocio implica conocer cada engranaje, desde los costos y las inversiones hasta el funcionamiento del salón y el servicio.
Hoy, Pez Bela es uno de los restaurantes de mar más valorados, no solo de Quito, sino del Ecuador. Ese reconocimiento deviene de la visión de una cocinera que busca reconectarnos con el origen de los alimentos, valorar el trabajo de quienes los obtienen y acercar a los comensales a una relación más consciente con el mar.
La pasión de Isabella por el mar nació mucho antes del restaurante. De niña seguía a su abuela por las cocinas de un hotel en Tonsupa y observaba a las mujeres de su familia reunirse alrededor de los fogones. Ese fue su primer contacto con una cocina que asociaba el alimento con el cuidado. Allí entendió que cocinar podía ser una forma de cuidar, pero también una forma de construir un camino personal. Quizá por eso sostuvo su visión incluso en el momento más incierto. Después de todo, llevaba preparándose para ella desde mucho antes de que existiera Pez Bela.

Words by Adelaida Jaramillo (IG @adeljar)
While hundreds of restaurants were closing during the pandemic, Isabella Chiriboga took a chance on opening her own. She did so with little capital, a small team and a short ceviche menu offered exclusively through delivery. The hardest part, she recalls, was not the lack of resources, but maintaining the conviction that the project deserved to exist. “Believing deeply in my project, in my ability to adapt to challenges and in my personal leadership,” she says, recalling those first months of uncertainty.



She began by investing only in the essentials and growing step by step. That experience also left her with a lesson she wishes she had learned sooner: understanding that a restaurant is built as much through the kitchen as through management. Over the years, she discovered that running a business means understanding every moving part, from costs and investments to how the dining room and service operate.
Today, Pez Bela is one of the most highly regarded seafood restaurants, not only in Quito, but in Ecuador. That recognition stems from the vision of a chef who seeks to reconnect us with the origins of food, value the work of those who source it and bring diners closer to a more conscious relationship with the sea.
Isabella’s passion for the sea began long before the restaurant. As a child, she followed her grandmother through the kitchens of a hotel in Tonsupa and watched the women in her family gather around the stoves. That was her first encounter with a way of cooking that associated food with care. There, she understood that cooking could be a way of caring, but also a way of building a personal path. Perhaps that is why she upheld her vision even at the most uncertain moment. After all, she had been preparing for it long before Pez Bela existed.
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