GICELA IGREDA: ÉPICA DEL QUESO DE CABRA ARTESANAL
Hace más de 25 años, en el valle del río Chillón surgió un emprendimiento familiar de crianza y producción de quesos de cabra artesanales. Este es el rostro de La Cabrita.
Hace más de 25 años, en el valle del río Chillón surgió un emprendimiento familiar de crianza y producción de quesos de cabra artesanales. Este es el rostro de La Cabrita.
Escribe Paola Miglio (IG @paola.miglio)
Gicela Igreda Lix es educadora, pero hace tiempo que dejó las aulas donde enseñaba matemática para dedicarse a aprender nuevamente. Ella decidió impulsar La Cabrita, un emprendimiento familiar iniciado décadas atrás por sus padres en el kilómetro 26 de la carretera a Canta, donde empezaron a criar cabras de manera artesanal. Tras un alejamiento forzado por políticas que benefician a la industria masiva, a las que se sumó la pandemia, Gicela regresó con fuerza y brio con maravillosos quesos y su hermana Milagros de la mano, quesera experta.



Los quesos de La Cabrita están muy bien hechos. Aquí no solo habla la calidad de la leche, sino la experiencia del productor. Gicela, junto con sus hermanos, optimizaron procesos para la crianza sostenible del ganado caprino, la extracción de leche y desarrollaron una empresa quesera, cuya producción se concentró en una planta ubicada en Los Olivos. Desde allí se hicieron conocidos en todo el circuito: ferias y tiendas gourmet, incluso en restaurantes. Su línea abarcaba también yogures cremosos y helados de pura leche, entre otros, creaciones de temporada que se integraban a su propuesta semanal. Hasta que de pronto, leguleyadas que promueven la industria masiva y aplastan al productor artesano le cerraron el emprendimiento.
La injusticia se supo en la industria. Varios tendieron la mano, Marco Tecchia y Sabrina Sánchez de La Gastrónoma fueron un apoyo importante y esencial, cuenta Gicela. Así, la familia comenzó a retomar nuevamente y a tejer la historia de una La Cabrita con productos más puntuales. Milagros, la hermana de Gicela, se concentró en mejorar las recetas que tenían en el taller. Gicela se mudó a Chachapoyas y desde allá organizaba pedidos y todo lo administrativo. Recuperaron certificados orgánicos y de producción. Y, si bien, este fue un hiato importante, una profunda unidad familiar supo cómo sortearlo.
La épica agroecológica de La Cabrita sigue, se propaga desde el hermoso valle del río Chillón hacia la ciudad de Lima, por el momento. Dos veces al mes en las bioferias de Reducto y Surquillo. Semanalmente en las Agroferias campesinas y día a día en espacios como Mercattino y Cheese Point. También hay delivery independiente. Gicela ya no está en los puntos de venta, como se le solía ver al principio, pero sí tiene un equipo que transmite bien su espíritu. Sus quesos cachivos, su famoso Cholombert, su agudo queso Chillón, son algunos de los que siguen siendo protagonistas de este relato que tiene aún mucho por contar. Por lo pronto veremos a La Cabrita en el próximo Salón del Queso Peruano, en mayo. Vamos seguro.

Words by Paola Miglio (IG @paola.miglio)
Gicela Igreda Lix is an educator, but she left the classrooms where she taught mathematics some time ago to begin learning all over again. She chose to drive forward La Cabrita, a family venture started decades earlier by her parents at kilometer 26 of the road to Canta, where they began raising goats in an artisanal way. After a forced hiatus brought on by policies favoring large-scale industry compounded by the pandemic, Gicela returned with strength and determination, producing remarkable cheeses alongside her sister Milagros, an expert cheesemaker.



La Cabrita’s cheeses are exceptionally well-made. What speaks here is not only the quality of the milk, but the producer’s expertise. Gicela, together with her siblings, optimized processes for sustainable goat farming and milk extraction, and developed a cheesemaking operation centered in a plant in Los Olivos. From there, they became known throughout the circuit, from street markets and gourmet shops to even restaurants. Their range also included creamy yogurts and pure milk ice creams, among other seasonal creations that complemented their weekly offering. Until suddenly, legal technicalities that promote mass industry and crush artisanal producers forced the business to shut down.
The injustice resonated across the industry. Several people stepped in to help; Marco Tecchia and Sabrina Sánchez of La Gastrónoma were particularly important, Gicela recounts. The family thus began to rebuild, weaving the story of La Cabrita once more, now with a more focused product line. Milagros concentrated on refining the recipes they had developed in their workshop. Gicela moved to Chachapoyas, from where she managed orders and all administrative matters. They recovered organic and production certifications. And although this was a significant hiatus, strong family unity helped them navigate through it.
La Cabrita’s agroecological epic continues. It now spreads from the beautiful Chillón River valley to the city of Lima, for the time being. Twice a month at the Reducto and Surquillo bioferias. Weekly at Agroferias Campesinas, and daily in spaces such as Mercattino and Cheese Point. There is also independent delivery. Gicela is no longer physically present at the points of sale as she once was, but she has built a team that faithfully conveys her spirit. Her cachivo cheeses, her renowned Cholombert, and her sharp Chillón cheese are among the standout products in a story that still has much to tell. For now, La Cabrita will be present at the upcoming Salón del Queso Peruano in May. We’ll be there.
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