APERTURA: MARÍA MEZCAL TIENE CASA DE VERANO EN ASIA
El bar que nació como mezcalería, que creó un espacio seguro y que transformó la forma de beber y reunirse en Lima, también está en el sur.
El bar que nació como mezcalería, que creó un espacio seguro y que transformó la forma de beber y reunirse en Lima, también está en el sur.
Escribe Daniel Quintero (IG @danielquintero)
Este verano, María Mezcal se va a Asia. El bar abrió una casa de temporada en el boulevard del sur bajo el formato de pop-up, pensado para acompañar a su público habitual durante los meses de calor. Se llama María Mezcal en Asiapulco y funcionará todos los viernes del verano desde las 20:00 horas, proponiendo una alternativa temprana, cuidada y reconocible en una zona donde la noche suele arrancar tarde.

No se trata de una mudanza ni de una nueva sede permanente. Es, más bien, el segundo pop-up del grupo (el primero, en Arequipa, abre todos los jueves), mientras Lima sigue operando con normalidad. María Mezcal en Asiapulco suma un nuevo capítulo este verano, expandiendo al sur su oferta de hospitalidad. “Es un plan para acercarnos a nuestro público habitual. Abrimos la casita de verano, no nos mudamos”, aclara Jorge “El Chino” Chung, director del grupo de bares propietario de María Mezcal.

Sin perder su identidad, el formato de Asia lleva el divertido concepto de bar fuera de su contexto habitual. El local ubicado en el boulevar de Asia es una versión playera de María Mezcal, muchas flores y piñatas en un ambiente abierto tipo terraza de 250 m², cervezas mexicanas y mucho tequila. La experiencia se completa con un puesto de tacos al pastor ubicado en la entrada del local e instalado directamente sobre el boulevard. “Relajamos el lugar, pero nos gusta eso”, comenta Chung. Además de sumar comida, el puesto cumple una función sensorial clara: olor, ruido y calle desde el primer paso. “En México, los tacos al pastor son el taco del bajadón. Queríamos que eso también estuviera presente”, agrega.

En Lima, los bares suelen nacer de la moda o lo que indique el instinto empresarial. María Mezcal nació de la observación. Chung entendió algo que muchos en la industria pasaban por alto: el despecho, más allá de estar asociado a una herida, podía ser un motivo de encuentro. Esa idea, tan simple como precisa, se convirtió en el corazón de un espacio que impactó en la noche limeña.
El origen está lejos de Miraflores. En 2018, Chung viajó a México y recorrió Oaxaca sin mapa, entre palenques y maestros mezcaleros. Allí entendió el proceso detrás del destilado: el agave, la tierra, la paciencia. Volvió con la intención de abrir una mezcalería en Perú, pero tenía claro que en Lima no bastaba con replicar una cantina mexicana, había que traducirla. Lo suyo no sería un homenaje al cliché (ni a Frida, ni al sombrero de charro), sino una reinterpretación. Su lectura limeña de México y de la emoción colectiva que podía generar. El resultado fue María Mezcal, abierta en noviembre de 2021, tras momentos de incertidumbre económica y sanitaria. Un bar pequeño, con estética de cantina popular, murales color tierra, luces cálidas y una programación musical que funciona como el guión de la noche.

Cuando cae la noche, no se trata solo de beber: la música dirige la energía del público. “El DJ puede sentar o levantar al público cuando quiera”, explica Chung. “El control no lo da el alcohol, lo da el ritmo”. Esa precisión convirtió a María Mezcal en una experiencia de caos contenido: hay catarsis, pero no peleas, solo desahogo. El público es mayoritariamente femenino. No por diseño, sino por apropiación. “María Mezcal no es un bar para mujeres, es un bar tomado por mujeres, que es distinto”, dice Jorge Chung. En su lectura, las mujeres habitan el bar de otra manera: llegan, se sientan, cantan y vuelven.
En la carta conviven los clásicos con tres margaritas emblemáticas: María del Barrio, Marimar y María Mercedes. Son simples, populares, reconocibles. El tipo de trago que se comparte y se fotografía. Hay espacio para otros formatos más conceptuales, como el Mescaloni o el Cantarito, pero el eje sigue siendo el mismo: tragos que acompañan un momento emocional. “Lo nuestro no es un templo del cóctel. Es un espacio donde el trago acompaña una historia”, dice.
La estructura también está pensada para sostener esa idea de comunidad. Hay seguridad femenina, cortes de consumo, reparto de agua y protocolos de cuidado. Si alguien se pasa de copas, el equipo interviene. Si no se siente bien, se queda hasta recuperarse. La regla es clara: nadie sale solo. Es un bar que asume la responsabilidad de cuidar, incluso después del cierre. Ese manejo, que combina empatía y control operativo, explica en parte por qué María Mezcal ha logrado sostenerse en una industria volátil.

Desde su apertura, María Mezcal ha marcado un punto de inflexión en la noche limeña. No pertenece a la escena de coctelería clásica, no compite con los cócteles elaborados o con el trabajo de producto, pero tampoco pertenece al circuito de alta rotación. Es un modelo híbrido: un bar de concepto con alma de fiesta. Detrás del fenómeno hay un profesional que entiende la industria desde adentro. Chung estudió cocina en el INAT (hoy Le Cordon Bleu) y trabajó en espacios como Café del Mar, con Rafael Osterling. Con los años pasó de la cocina al bar y de la barra a la gestión. Fundó La Cachina, hoy con 10 años y aún con fila en la puerta, y ha construido una red de locales con identidad propia. “Abrir un bar es fácil. Mantenerlo 10 años es lo difícil”, dice. Lo suyo es una mezcla de intuición, experiencia y profesionalización.

Hoy existen Marías Mezcal en Colombia, Estados Unidos, Bolivia y Costa Rica. Ninguno tiene vínculo oficial con la de Lima. “Antes me molestaban las imitaciones, ahora me da orgullo”, dice. “Eso significa que lo que hicimos creó una categoría nueva”. Esa categoría mezcla lo emocional y lo performativo: bares que venden catarsis, que convierten la celebración en energía compartida y rentable.
María Mezcal no inventó el despecho, pero lo abrazó. En vez de un lugar para llorar, ofrece uno para compartir, celebrar y, por qué no, criticar con Paquita la del Barrio a esa Rata de dos patas. Y en esa diferencia está su éxito. Con la expansión a Asiapulco se confirma algo que María Mezcal viene construyendo desde Lima: el bar como experiencia adaptable, reconocible y exportable. “Creo que en algún momento alguien dirá: todo esto nació en Lima, en un bar de 100 m² que se llamaba María Mezcal”, dice Chung. Tal vez tenga razón. La historia reciente de la noche limeña no puede contarse sin esa mezcla de mezcal, pop mexicano y desahogo colectivo que, sin proponérselo, ya está marcando una época.
La casita de playa de María Mezcal funciona en el boulevard de Asia bajo el formato de pop-up. Las reservas se gestionan exclusivamente vía mensaje directo a la cuenta @maria_mezcal, desde donde se deriva al canal correspondiente. El ingreso se organiza bajo tres modalidades: salitas prepagadas, reservas y lista. La atención es solo los viernes, con ingreso desde las 20:00 horas y último acceso a las 03:00 horas.
En Lima, María Mezcal opera con dos espacios en Miraflores. Las reservas también se realizan vía DM a @maria_mezcal, aunque no es obligatorio reservar: se puede asistir directamente desde las 17:00 horas. La Mezcalería, en Manuel Bonilla 132, abre todos los días; mientras que La Casona, en Manuel Bonilla 227, atiende de miércoles a sábado.
El pop-up de María Mezcal en Arequipa funciona todos los jueves, entre las 18:00 y las 3:00 horas, en la calle San Francisco 319. Las reservas se gestionan vía mensaje directo a @mariamezcal_aqp.
La periodista especializada Melina Bertocchi trae novedades en la cuarta edición de este evento focalizado en vinos de pequeña producción del Perú y el mundo.
Leer másImportante premio ambiental recompensa iniciativas que apoyan la biosfera resiliente mientras alimentan al mundo.
Leer másTiene un market y una panadería que ofrece, entre todos sus productos, uno de los mejores croissants de Lima. Además, almuerzos caseros.
Leer más