DALILA SIFUENTES: PARA CORONAR CON UN POSTRE
Es jefa de pastelería de Maido y sus postres creativos también sumaron a que este sea el mejor restaurante del mundo.
Es jefa de pastelería de Maido y sus postres creativos también sumaron a que este sea el mejor restaurante del mundo.
Escribe Catherine Contreras (IG @caty.contrerasr)
Es trujillana, tiene 44 años, y es quizá una de las pocas chefs pasteleras que más tiempo ha sido parte del equipo de un restaurante, Maido. Dalila Sifuentes Arévalo ha tejido lazos fuertes con la que considera su familia gastronómica: creció con ellos durante 17 años y su creatividad y exploración de productos ha ido en aumento con el tiempo. La suya es una historia de superación.



Solía viajar de Trujillo a Lima, en los veranos, para visitar a una tía engreidora. Y cuando cumplió 16, Dalila Sifuentes Arévalo se mudó a la capital. Estudiaría, pero en paralelo ella también prefirió trabajar para tener su propio sustento. Fue empleada en casa de una señora francesa, a quien ayudaba en cocina y otras labores del hogar; en La Molina también trabajó en la planta de lácteos de la Universidad Agraria. Pero fue su primera empleadora quien, tras reconocer sus dotes culinarias, la animó para que estudie cocina, y eso hizo. Dalila trabajaba y en paralelo estudiaba gastronomía e industrias alimentarias; terminó la carrera y entró a practicar a La 73, con Juan Lengua y Álvaro Raffo. Ya en sus veintes se dedicó al área de fríos, hasta que un día la pastelera faltó. Dalila entró a apoyar y resultó ser muy buena. Se quedó en el restaurante barranquino, famoso por sus churros con chocolate, por siete años.
En 2009, y por recomendación de Renzo Garibaldi, Dalila empieza a ayudar a Micha Tsumura con los postres. El chef (por entonces poco conocido) estaba construyendo su restaurante, armando su equipo, y le propuso que se quede como jefa de pastelería. Arriesgada como es, ella aceptó ser parte de Maido y hoy no cabe duda de que es uno de los pilares que sostienen el mejor restaurante del mundo. Dalila construyó su mundo en torno a la gastronomía. Su esposo, Miguel, es uno de los rostros que lidera el servicio de salón en Cosme. Y aunque su hija Ana Paula creció en paralelo al ritmo del restaurante, a sus jóvenes 13 años se ha forjado su propio camino y ha regalado a la familia la felicidad de los triunfos en una actividad totalmente distinta: la marinera norteña.
Dalila sonríe feliz cuando habla de su hija, a quien acompaña siempre en competencias. A veces, claro, no ha podido estar con ella por trabajo: como parte del equipo de Maido, Dalila ha conocido ciudades de Dinamarca, Japón, Estados Unidos, España y trabajado sus postres en cocinas de grandes restaurantes. Atesora fotos que pocas veces hemos visto, y en las que ella contagia alegría: junto a Antonio Bachour, a los hermanos Joan, Josep y Jordi Roca de El Celler de Can Roca, a Mauro Colagreco de Mirazur y tantos más. Recuerda con emoción su viaje a Tokio, donde aprendió la técnica precisa y el punto exacto para lograr un buen mochi. Y todo ese conocimiento no se lo ha quedado para sí, lo ha compartido con su equipo. Y con ellos sigue creando, feliz.

Words Catherine Contreras (IG @caty.contrerasr)
She is from Trujillo, 44 years old, and perhaps one of the pastry chefs who has spent the longest time on a restaurant team at Maido. Dalila Sifuentes Arévalo has built strong bonds with what she considers her gastronomic family: she grew alongside them for 17 years, and her creativity and exploration of ingredients have only deepened over time. Hers is a story of perseverance.



She used to travel from Trujillo to Lima during the summers to visit a doting aunt. At 16, she moved to the capital. She would study, but at the same time chose to work to support herself. She was employed in the home of a French woman, helping in the kitchen and with household tasks; in La Molina, she also worked at the dairy plant of the Universidad Agraria. It was this first employer who, after recognizing her culinary talent, encouraged her to study cooking, and she did. Dalila worked while studying gastronomy and food industry. After graduating, she began her internship at La 73, alongside Juan Lengua and Álvaro Raffo. In her twenties, she focused on the cold kitchen until one day the pastry chef didn’t show up. Dalila stepped in to help and turned out to be exceptionally good. She stayed at the Barranco restaurant, famous for its churros with chocolate, for seven years.
In 2009, at Renzo Garibaldi’s recommendation, Dalila began helping Mitsuharu Tsumura with desserts. The chef (then still relatively unknown) was building his restaurant and assembling his team, and he offered her the role of head pastry chef. Bold as she is, she accepted and became part of Maido. Today, there is no doubt she is one of the pillars supporting what is now considered the best restaurant in the world. Dalila built her life around gastronomy. Her husband, Miguel, is one of the leading faces of the dining room service at Cosme. And while her daughter Ana Paula grew up alongside the restaurant’s rhythm, at just 13 she has forged her own path, bringing joy to the family through her achievements in an entirely different field, dancing: marinera norteña.
Dalila smiles when she speaks about her daughter, whom she always accompanies to competitions. At times, of course, work has kept her away: as part of the Maido team, she has traveled to cities in Denmark, Japan, the United States, and Spain, working her desserts in the kitchens of renowned restaurants. She treasures photos rarely seen—moments where she beams with joy: alongside Antonio Bachour, the Roca brothers of El Celler de Can Roca, Mauro Colagreco of Mirazur, and many more. She fondly recalls her trip to Tokyo, where she learned the precise technique and exact balance needed to make a great mochi. And all that knowledge she hasn’t kept to herself—she has shared it with her team. And together, they continue creating. Happily.
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