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TACAMA: AMADO VINO

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Escribe María Elena Cornejo (Twitter @cucharonviajero)

¿Por qué hay tantos abogados en la familia?, pregunto a José Antonio Olaechea, miembro de la familia dueña de la bodega Tacama, una de las más modernas y bonitas de Sudamérica, y de hecho la más antigua de ellas. “Donde hay tierra hay guerra”, me responde con una máxima de su bisabuelo que han seguido a pie juntillas tres generaciones sucesivas.

Son abogados/empresarios/vitivinificadores dedicados en cuerpo y alma a buscar cepas que se adapten al terroir, a conseguir cada vez cosechas más exclusivas, más sofisticadas, mejor trabajadas en su unicidad, capaces de conquistar el mundo en concursos internacionales y cata a ciegas.

Pero no solo se ocupan de la excelencia del producto. Hace varios años hacen docencia para dar a conocer a los iqueños en particular y a los peruanos en general que hay vida detrás del vino dulzón, de la uva borgoña y del vino “de misa” que ha marcado y distorsionado el gusto nacional.

Un pabellón de enoturismo recibe a los visitantes. Allí se les enseña la centenaria prensa de huarango con la que se extraía el jugo de uvas para preparar piscos y vinos en el siglo pasado. También el canal de regadío construido por el Inca Pachacutec en el siglo XV, cien años antes de la llegada de los españoles. Y la solidez de nuestro vino que en el lejano 1978 se exportaba a Nueva Zelanda. Esa es la historia, luego viene el salto a la modernidad de la mano de Frederic Thibaut (enólogo francés que luego de cinco lustros de vivir en Ica y trabajar en Tacama conoce muy bien la zona) y de la familia Olaechea que se arriesga a probar nuevas cepas y ver cuales se adaptan mejor. En esas correrías andan mientras producen más de 30 etiquetas de alta y media gama, piscos y espumantes. Y siempre hay novedades.

La semana pasada estuvo en Ica el profesor Pierre-Louis Teissedre, una eminencia en el asunto de vinos que asesora a Tacama hace casi una decena de años. Tessedre es doctor en enología por la Universidad de Montpellier, profesor del principal del Instituto de la Viña y el Vino de la Universidad de Bordeau, autor de más de 300 en publicaciones especializadas, amén de una decena de títulos y reconocimientos en el mundo espirituoso.

Bajo la dirección de ambos especialistas probamos las novedades del 2018, entre ellos un Carmenere y un Malbec que provienen de cepas traídas de Francia, no del Sur. El carmenere de color violeta brillante tiene notas a café y frutos negros y rojos. En boca es redondo, elegante, ligeramente especiado. El malbec tiene delicado aroma a frutas (zarzamoras, cerezas, fresas) y un final muy fresco, complejo pero fácil de beber. Don Manuel y Doña Ana son los vinos estrella de la casa. El primero, tannat (también catamos un excelente con Petit Verdot) es un vino profundo, complejo, equilibrado con la madera que aporta vainilla y especies. El segundo, un Sauvignon vibrante, alegre, fresco, con notas cítricas y aroma de piel de durazno.

Novedades magníficas, rematadas por los piscos Demonio de los Andes donde sobresale el Gran Demonio Albilla. Cuando hay pasión, hay futuro. Cuando hay trabajo, hay esperanza. Tacama tiene de ambos.

El artículo fue publicado el 20 Agosto, 2018
MARIA ELENA CORNEJO
Periodista, meto mi cuchara en la gastronomía y la cultura. Bloggera, twitera, abuela y arequipeña. Defiendo todas las causas perdidas.

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