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SABE: TENEMOS QUE ENSEÑAR A LOS NIÑOS A COMER

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Fotos: Mario Vildósola

¿A cuántos de nosotros no nos hubiese gustado una clase de cocina y ciencia en el colegio? La educación está cambiando, debemos se parte de ese proceso. Aprender no es memorizar ni rendir exámenes de paporreta, es entender, empatizar, respetar al otro (niño o niña), comprender que somos iguales y que todos debemos de tener las mismas oportunidades. Este es un primer gran paso. Asistimos al primer Piloto de Sabe: ciencia y cocina con niños, deL colegio La Buena Esperanza en Villa El Salvador. “SABE: ciencia y cocina es uno de los programas de nuestro proyecto de educación alimentaria en el que usamos la cocina como laboratorio científico para promover el interés en las ciencias en niños de primaria”, explica Karissa Becerra de La Revolución. Hoy nos cuenta un poco más del tema y nos responde algunas preguntas en el video que le hicimos en en El Trinche.

Video entrevista a Karissa Becerra sobre los principios y objetivos de su nuevo proyecto Sabe para niños.

Texto Karissa Becerra (Instagram: @supernatural)

Es fantástico ver como una actividad que realizamos todos los días está llena de “ciencia”, desde el leer una receta, seguir el orden, interpretarla, recordar y observar; hasta medir y ser testigos de las reacciones químicas y físicas que suceden cuando sancochamos un huevo, horneamos una torta o doramos una carne o cuando percibimos los sabores y aromas al comer.

Pero lo más interesante de SABE es que nos permitió, a las que diseñamos el programa, darnos cuenta de algo que era fundamental y a lo que no le prestamos mucha atención: la importancia del descubrimiento del fuego para nuestra especie.

No pensamos día a día que nosotros, los homo sapiens, somos la única especie que cocina sus alimentos, que descubrimos el fuego y que gracias a este descubrimiento evolucionamos, pudimos comer más variedad de alimentos que otras especies y que es uno de los factores que permite que nuestro cerebro crezca y que tenga los superpoderes que tiene, para lo bueno y lo no tan bueno.

Esto fascina a los niños, hace que el mundo se vuelva mágico, como lo es.

SABE permite que miremos lo extraordinario en lo que nos parece ordinario, cotidiano y monótono y que podamos ver la vida y todas nuestras actividades con fascinación por los misterios de nuestra propia existencia y de la perfección del ecosistema al que pertenecemos.
Si solo pensamos en el sol, que llena de energía los alimentos que nos comemos cocidos y crudos, los que llenan de energía a nuestro cuerpo para que, por ejemplo, lata nuestro corazón, podemos empezar a entender lo perfecto de nuestro ecosistema. Pensemos en nuestros sentidos que, en principio, servían para distinguir entre lo comestible y lo no comestible y cómo fueron refinándose para distinguir entre lo que nos parece rico y lo que no, o lo placentero y lo no placentero. La cocina se impregna de nuestra cultura. La manera en la que cocinamos y lo que comemos dice todo sobre quiénes somos y de dónde somos, de allí el dicho “dime qué comes y te diré quién eres”. Es increíble cuanto hemos construido los seres humanos a partir de este descubrimiento.

De repente si prestáramos más atención a qué y cómo comemos y a toda la evolución que estas actividades implican, el comer cobraría más sentido.

Comer debería convertirse en el mayor acto político de nuestra vida, comemos tres veces al día, elegimos que vamos a comer tres veces al día. Tenemos tres oportunidades diarias de hacer de esta elección algo positivo para nosotros y para el mundo en el que vivimos.

Que cocinar y comer sea todos los días fascinante. Comamos y cocinemos con sentido. (Este texto fue publicado originalmente en Diario Correo).

El artículo fue publicado el 12 Febrero, 2018

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